Análitico

Los procesos electorales en el laberinto latinoamericano

23 abr. 2021
Eduardo Paz Rada
La experiencia histórica en América Latina permite advertir que los procesos electorales no son suficientes para encaminar democráticamente los procesos de liberación nacional y de integración regional.

Cuando se presentaban las posibilidades de una promisoria recuperación de los procesos de integración emancipadora en América Latina y el Caribe con la coordinación de acciones de los gobiernos de México, Argentina, Bolivia, Nicaragua, Venezuela, Cuba y otros del Caribe, la derrota electoral de Andrés Arauz en el Ecuador frente al conservador neoliberal Guillermo Lasso se ha convertido en un golpe muy duro que, sin duda, dará opciones a la mayor intervención imperialista en la región, en el marco de un laberinto geopolítico internacional y de una agresiva acción de Joe Biden para recuperar espacios de control hemisférico.

El candidato que representaba la Revolución Ciudadana y las reformas sociales, económicas y políticas en el Ecuador, junto a la realización de la Asamblea Constituyente que aprobó una nueva Constitución en 2008 que establece los derechos sociales y políticos de los sectores indígenas y campesinos y los principios del Sumak Kawsay o Bien Vivir y su complementación con la integración bolivariana de América Latina y que había ganado con solvencia en la primera vuelta, no pudo conseguir un mejor resultado en la segunda vuelta electoral.

Los mecanismos del poder conservador e imperialista, manifiestos a través de los grandes medios de comunicación, el gobierno traidor del Lenin Moreno, la propaganda sucia contra el ex presidente Rafael Correa, la persecución judicial y policial y los tentáculos de las transnacionales y el Fondo Monetario Internacional (FMI), actuaron con gran efectividad sobre los electores e, incluso, el dirigente Yaku Perez, tercero en las elecciones de primera vuelta, pactó con el banquero Guillermo Lasso. Las políticas de Lasso son coincidentes con las de Moreno en la propuesta neoliberal e incluso plantea la autonomización del Banco Central y de las políticas económicas y financieras para que actúe con total libertad el FMI.

Se trata de un freno a la recuperación del esfuerzo bolivariano de fortalecer los vínculos de integración liberadora en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), y en la Alternativa Bolivariana de los Pueblos (ALBA) y sobre todo en la reorganización de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Sin embargo, algunos acontecimientos permiten mantener cierto optimismo respecto a los procesos políticos en los países de la región.

Por una parte, el triunfo electoral de Pedro Castillo, de Perú Libre y el lápiz como símbolo, en la primera vuelta de las elecciones del Perú con postulados mariateguistas, socialistas, nacionalistas, populares y de integración de la Patria Grande dando una sorpresa y moviendo el tablero político peruano y, por otra parte, el ascenso político y social de Lula Da Silva que se presenta como el gran favorito en las elecciones del próximo año en el Brasil, quedando pendiente para mayo la realización de las elecciones para la Constituyente en Chile.

En el caso de Castillo, su postulación y el respaldo recibido por millones de habitantes del “Perú Profundo” de indios, mestizos, negros, trabajadores del campo y la ciudad y de los marginados de las ciudades principales, ha significado un duro golpe a la oligarquía limeña racista y exclusiva y a sus medios de comunicación que han iniciado una campaña de desprestigio al candidato popular bajo el falso argumento de haber sido “terruco”, es decir de haber parte de los grupos vinculados a Sendero Luminoso, y al aristócrata Vargas Llosa que ha reaccionado indignado por la decisión del pueblo peruano.

Por su parte, Lula se va perfilando como la única opción de enfrentar las crisis múltiples que vive Brasil debido a la gestión absurda de Jair Bolsonaro en los temas de la economía, la pandemia y la crisis social y por haber recuperado sus derechos civiles y políticos después de la tramoya legal armada por el fiscal Moro respaldado por los partidos conservadores y neoliberales.

Sin embargo, la experiencia histórica en América Latina permite advertir que los procesos electorales no son suficientes para encaminar democráticamente los procesos de liberación nacional y de integración regional tomando en cuenta lo ocurrido en Ecuador ahora o los Golpe de Estado en Bolivia, Brasil o Paraguay o la resistencia heroica de Venezuela o Cuba. Se hace necesario, por tanto, avanzar en una democracia participativa y deliberativa con reformas y transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas profundas desarrollando una conciencia popular anticolonial, anticapitalista y antiimperialista.

Eduardo Paz Rada. Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

Tomado de Alainet
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